jueves, 7 de mayo de 2020

No me voy a empeñar, ya no volveré a ser la misma.

Ya nunca volveré a ser la misma. Porque me han cerrado puertas en los morros y me está bien empleado por ir por la vida siempre en carnavales. Disfraces, disfraces que nada tienen que ver con los sentimientos.

Ya no volveré a ser la misma porque este cabrón me ha enseñado que hay tortillas que se dan la vuelta antes de tiempo, ¡con dos huevos! Y me la han metido doblada, y han dejado de llamarme, y han fingido un te quiero en la cama. ¿Se acaba mi mundo? No, tan sólo empieza. Ahora estoy entendiéndolo todo, y en la siguiente calle no me voy a conformar con el bajo que tantos quebraderos de cabeza me traía, pensaré en subir al ático y ver el cielo de cerca.

Ya no volveré a ser la misma porque le vi con otra y el dolor fue tan profundo que me revolvió por dentro. Me ha escrito como un pasatiempos y ahora mismo no está preocupado por mí, le da igual. He creído en cuentos, pensaba que a veces la vida la tengo que sufrir y ahora lo entiendo todo. Si no aparece cuando estoy jodida es porque tiene otros planes, y no me llama porque tiene números más importantes, y no me baila porque esa canción se la baila a todas.

Creo que estoy en el mejor momento para sentarme en el bordillo y mirar el poco tráfico que hay; todo el que pasa por la acera tiene prisa y una historia. Ahora tengo que decidir si quiero a alguien que me complete o me vacíe, que me aúpe o que me tire, que me entienda o que me dé la razón como a los tontos, que me mire o que me vea, que me acaricie o me use. Voy a pensarlo.

Todos creemos que jugamos con la misma baraja, que las cosas pasan porque tienen que pasar y que nosotros nunca cambiaremos nada. Se equivocan, tengo una carta que soy yo misma y que no la lleva nadie. Ahora voy a mirar de nuevo a los coches. Todos siguen pasando y ninguno se para a preguntarme por qué estoy parada. Pasa, el tiempo pasa y es muy mío. Ahora me voy a levantar y cruzar porque en peores plazas he toreado; nadie se merece que frene en seco cuando ni está, ni ha estado, y cuando tampoco se le espera.

No me voy a empeñar, ya no volveré a ser la misma.

sábado, 4 de abril de 2020

Volví a despertar sin ti.

Anoche soñé que vivíamos juntos en una casita en la montaña, que teníamos dos gatos y un perro. Que por las mañanas te despertaba con batidos de fruta y verdura recién hechos, por eso de que tú siempre has querido cuidarte, y después me dejabas perderme por tu cuello mientras te cepillabas los dientes.

Teníamos una habitación llena de estanterías con libros y en nuestra casa sonaba música todos los días de la semana.

En la entrada, colgada en la pared, juntos a las entradas de los conciertos de Vetusta Morla, teníamos una pizarra donde apuntábamos todos los conciertos a los que iríamos.

La nevera estaba repleta de imanes de los sitios donde estuvimos y de esos sitios del mundo en los que no habíamos estado pero en los que me moría de ganas de estar, contigo.

Soñé que vivíamos en una pequeña casita donde sólo cabían caricias y besos. Soñé que me curabas todos los males que yo misma me causaba. Que sonreías a todas horas y cantabas mientras yo escribía historias que nos iban a pasar.

Soñé que vivíamos juntos en una casita perdida en la montaña,
pero era solo un sueño;
y volví a despertar
sin ti.

sábado, 28 de marzo de 2020

Quiérete

Ale, no busques la felicidad en los demás si no eres capaz de encontrarla en ti misma. Vive. Duele. Sangra. Cáete. Lame tus propias heridas. Quiérete como nadie ha sido capaz de quererte. Sé el amor de tu vida. Aprende a reírte contigo y de ti. Aprende a no necesitar a nadie, ni nada, para ser feliz. Aprende a no depender de nadie. A llorar sin esperar que nadie venga a secarte las lágrimas. A bailar sin que nadie te tienda la mano para bailar juntos.

Entiende que eres la única persona que estará siempre contigo misma. Y sigue queriéndote como nadie te ha querido nunca. Porque entonces estarás lista para que los demás te den su felicidad y su amor. Entonces aprenderás a recibir y a dar. Pero si no te quieres, te aceptas y te ríes sola, todo se romperá cuando venga alguien y te haga reír, querer y encontrar la felicidad. Porque esa felicidad, ese amor, serán suyos y por mucho que te los dé, no se sostienen si tú no eres capaz de quererte tanto como para darle tu amor.

Así que lámete las heridas y aprende a quererte, y solo entonces, comparte. 

viernes, 27 de marzo de 2020

Planes

Que llegaríamos a los sesenta juntos, y que eso sólo sería el principio, que inventaríamos otras maneras de besarnos porque la rutina nunca podría derribarnos, que te acabaría gustando que te tocase con los pies fríos justo antes de irnos a dormir - y yo solo creía que lo que más me gustaría de ello sería la risa que se me escaparía mientras me hicieras cosquillas para que te los quitase de encima-. También que inventarían películas para nosotros, que durasen exactamente cuatro minutos y doce segundos, para que después ya pudiésemos dejar de reprimir las ganas de besarnos; el cine siempre nos la tuvo jurada, pero nosotros nunca fuimos sinceros cuando proponíamos noches de cine.


Pensé en diecisiete países en los que nos besaríamos hasta el amanecer, hablamos sobre los hijos que nunca supimos si nos daría tiempo a tener. Siempre teníamos planes en la mente y besos en la boca. Cruzábamos los días en rojo porque nos costaba esperar a las noches.


Que nunca nos faltaría una mano a la que agarrarnos, pero menuda lástima que no especificáramos que no tenía por qué ser la del otro. Que nunca habría distancia porque nos sentiríamos cerca aún estando lejos, porque el frío no era tan fuerte como nuestras ganas de tenernos. Que todo lo que soñábamos a las tantas de la noche lo íbamos a cumplir al despertar, pero siempre se nos pasaban todos los sueños de largo por estar revolcándonos entre las sábanas de mi cama.


Que nunca se llega tarde a la vida de alguien si te quedas para siempre.


Quizá ese fue el problema, que llegaste tarde y te fuiste pronto, porque una persona que no está para siempre se va pronto.


O simplemente que decías que me querías como nadie, pero la cagaste como todos.

domingo, 16 de febrero de 2020

Léeme dos veces

Léeme dos veces, esto es importante. Léeme dos veces porque sólo me tendrás una. Puede que sea suficiente con esta vez, o puede faltarnos vida, aire y tiempo. Me convertiré en eso que desees todos los días e intentaré dar lo mejor de mí para que esto funcione. Te salvaré las veces que haga falta y asesinaré a todos los eneros que vengan a jodernos el año por ti. Me enfadaré las veces necesarias, ni una más ni una menos. Tal vez haya días en los que no llegarás a entenderme, pero no te preocupes, esos días me alejaré para acercarme con mucha más fuerza. No habrá miedos, pero dame el tiempo necesario para que no los haya. Seré tan independiente que incluso llegarás a preguntarme si todo está bien. Seré un desastre, imprevisible, estaré un poco loca, pero siempre tuya. Te cederé el paraguas los días que llueva porque a mí eso de tener los papeles de dama y caballero bien definidos no me gusta. Pagaré las cenas que me dé la gana, te taparé cuando te quedes dormido en el sofá de mi salón y seré ese hombro en el que llorarás las veces que te haga falta. Bailaremos en el salón de mi casa, eso de salir de fiesta, ya irás descubriendo que, no es lo mío. Madrugo todos los días, ya sea lunes o domingo. Los desayunos en la cama, junto a ti y a tus besos. Te regalaré flores e intentaré sorprenderte las veces que pueda. Te colgaré el teléfono cuando te pongas pesado, te callaré a besos el domingo e intentaré volverte loco justo antes de salir por la puerta, para que te quedes un rato más. Te prometo que intentaré que hagamos todos los viajes exprés que podamos, llevarte a los conciertos que más te gusten y hacer una fiesta de todos esos días que más te pesen. Prometo decirte que como tú no hay nadie cuando no lo haya y te seré totalmente sincera cuando pierda el equilibrio en nuestra cuerda floja. Haré que cada día parezca el último día y alguna que otra vez me haré la dura para que no te relajes. Prometo mirarte con el mismo interés que miras a tu equipo favorito en el último minuto de partido, ver tu película favorita con una cerveza en la mano, reírme hasta que duela. Te prometo ser intensa en todo lo que hagamos, tomármelo en serio, enseñarte todas mis cartas, incluso las que tengo en la manga.  Te pediré que nos casemos solos, tú y yo donde más te guste, a la hora que quieras y sin testigos... no nos hacen falta. Te cambiaré las preguntas si las respuestas te sobran, y no te pediré nunca que te quedes, porque si eres tú sabrás de sobra cuando quedarte. Seré la mejor mientras tengas claro que lo soy. Así que dicho esto, léeme dos veces mejor. Porque alguien que será tan de verdad, tan inmensamente cierta es imposible que se rompa dos veces. Así que por favor, lee esto dos veces antes de que se haga demasiado tarde.

domingo, 26 de enero de 2020

Me echarás de menos.

Me vas a echar de menos en cuanto la mires y no veas las playas que visitamos juntos. En cuanto la toques y no te tiemblen las manos. Me vas a echar de menos cuando te des cuenta de que ahora sonrío más, que estoy más guapa que nunca y que no parece que me haga falta nada para ser feliz.

Me vas a echar de menos cuando aparques el coche delante de su trabajo y no sea yo la que salga por la puerta con mi vestido rosa sonriendo como una niña. Te darás cuenta de que me echas de menos cuando brindes con ella, con una cerveza en la mano, y te entre de golpe mi resaca emocional. Cuando haga frío y ella no tiemble, cuando los domingos no sea yo la que te busque las manos debajo de la manta y cuando tu mano no encaje del todo con la suya y no sepas por qué es.

Me vas a echar de menos incluso cuando nadie te cambie la música en el coche, cuando no te agarre por la espalda como si fueras su mayor regalo.

Me vas a echar de menos cuando te pase ella y no yo. Cuando no exagere todo, cuando ella no te sepa regalar eso tan sencillo que no se regala. Me vas a echar de menos y yo sólo puedo decirte - y ojalá que no te siente mal - que a esta derrota invito yo. Que te den. Adiós.

martes, 14 de enero de 2020

Aprende a querer

Hay muchas maneras de querer.

No todos los "te quiero" vienen a significar lo mismo. No todos queremos de la misma forma, ni queremos que nos quieran igual. Hay amores que no valen, amores que vienen con fecha de caducidad, amores que se caen si el viento sopla un poquito más fuerte, amores que no dan tanto como reciben de la otra parte. Hay "te quiero" que a la larga es soledad, que se convierte en lágrimas, desesperación, ruinas o tiempo perdido.

Por otro lado, están los amores cobardes: esos que tienen miedo de salir heridos. Se aferran a su soledad, se encierran en sus sentimientos y acaban haciendo daño. Y ni siquiera se dan cuenta. Pienso que para querer bien hay que abrirse en canal, hay que estar dispuesto a conjugar verbos en futuro, a construir proyectos que empiecen por un nosotros. Y sobretodo no temblar cuando "nosotros" sea la primera palabra de la frase.

Para querer bien hay que cuidar los detalles, hacer partícipe a esa persona con la que estás compartiendo tus días, renunciar a pequeñas cosas sin ser conscientes, hacerlo simplemente porque te apetece, no porque la otra persona te lo imponga. Y que todas esas cosas merezcan la pena. Si te suponen un esfuerzo, no te esfuerces, no las quiero. 

Porque cuando dices que me quieres, pero lo haces media voz, sé que no me quieres bien. La única manera de minimizar los daños es alejarme, ponerme una coraza, y de pronto deja de importar, ya no estoy tan pendiente, ya no me hace tanta ilusión. Y me alejo.

Me dueles, me decepcionas, me alejo y me pierdo.

Mira, quiéreme bien, o no me quieras. Caminar en dirección contraria a la tuya no formaba parte de mis planes, pero créeme que no seguiré esperando a te quieros de verdad. Porque los míos son de verdad, son sinceros, porque yo me lo merezco. La puñetera frase de no saber lo que tienes hasta que lo pierdes conmigo no funciona. Quiéreme bien o no me quieras, dámelo todo o no me des nada. 

sábado, 5 de octubre de 2019

He vuelto a fumar


Joder, no quería hacerlo y mira. Aquí estoy. A las 21h55 en la terraza de mi habitación recordando viejos tiempos, viendo como poco a poco se consume el cigarro.

Llevo varios días con una sensación rara en el cuerpo. Necesito encontrar algo que me llene, algo que me haga darme cuenta de que cada día cuenta. Algo que me ayude a vivir, no a sobrevivir.

Llevo varios días pensando que te echo de menos, pero no como te imaginas. No echo de menos nuestra relación, ni mucho menos, ni siquiera te echo de menos a ti físicamente. Echo de menos lo que teníamos. La sensación de saber que estabas para todo, que eras amigo antes que pareja, que podía contarte cualquier gilipollez y que creías en mi.

Siempre me sentí muy apoyada por ti, a lo mejor por eso sigo dedicándome a escribir cuando algo no va bien y no soy capaz de hablar de ello.

Compartimos esperanzas para el futuro, sueños que nunca se harán realidad, logros que nunca se cumplieron y muchas decepciones que la vida decidió dejarnos.

Estoy demasiado estancada, no sé cómo seguir. No sé lo que siento ni soy capaz de descubrirlo. No queriendo hacer daño a nadie me lo estoy haciendo a mi misma.

Queriendo hacer las cosas bien, al final, la estoy cagando y no sé cómo arreglarlo.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Nos hemos acabado del todo.

- ¿En quién piensas cuando no piensas en nada?

Esperaba que contestara:

- En ti.

Pero se quedó callado, pensó la respuesta y luego me dijo:

- No me suele pasar.

Y nos callamos. Nos callamos demasiado, y nos dejamos de caer bien en la cama, y nos tropezamos, pero no sólo con los jueves, que siempre están en medio, sino también con los viernes y los sábados. Nos descompasamos en la vida y dejamos de pisarnos aposta. Yo quería subirme a sus pies para que viera que caminar juntos, aunque costara, era más divertido.

Le echo de menos ahora y echo vino blanco de más en la copa, por eso de no tener la copa vacía nunca.

No es por ser una cabrona pero prefería que el sol no saliese por las mañanas en mi cuarto o quitarle las pilas al reloj por eso de que no tuviese que echarle de mi lado demasiado pronto.

Y así enlazamos mis mediodías con sus medianoches y el resto del tiempo pensaba que estábamos hechos el uno para la otra, pero esas cosas, según él, nunca debían decirse, y yo nunca fui de hacer preguntas que no supiésemos responder.

Nunca me echó, pero tampoco me pidió que me quedara y yo pensaba en él cuando no pensaba en nada.

 "Nos hemos acabado del todo." 

Fuimos la pareja más imperfecta que podría haber existido y somos el amor más contradictorio que podríamos haber tenido. Yo sólo quiero que sepas terminar y dejar las cosas en su sitio. Si vamos a acabar, empieza acabando conmigo.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Natalia

Hoy he quedado con Natalia. Hacía unas semanas que no quedábamos.  Necesito escribirle esto aunque no creo que llegue a leerlo alguna vez.

Hace tiempo me di cuenta de que la amiga que tenía hace 6 o 7 años dejó paso a la nueva Natalia. La que es responsable de una bebé preciosa, tanto o más que su mamá. Dejó paso a la chica amable, cariñosa y súper atenta.

Me siento tan orgullosa de ella que no me cabe en el pecho el orgullo. Ha sido capaz de sacar adelante ella sola una vida.  Les ha cerrado la boca a todos esos que decían que no sería capaz de hacerlo, que sería una mala madre, a esos que le decían que no sabe dónde se mete. La primera yo. Me acuerdo todavía de las ganas que tenía de verle la carita a esa bebé pequeña. Me acuerdo de los nervios, de los miedos, de las inseguridades. Pero qué bien lo ha hecho y lo sigue haciendo.

Siempre he dicho que no quiero ser madre, quien me conoce de verdad sabe que esto es cierto, pero viendo a mi amiga y lo bien que lo ha hecho los miedos desaparecen. Llegan las ganas.

Me siento muy orgullosa de que me hiciese caso en su momento. Me siento parte de su vida de alguna manera.

jueves, 5 de septiembre de 2019

He vuelto a fumar


Joder, no quería hacerlo y mira. Aquí estoy. A las 21h53 en la terraza de mi habitación recordando viejos tiempos, viendo como poco a poco se consume el cigarro. 

Llevo varios días con una sensación rara en el cuerpo. Necesito encontrar algo que me llene, algo que me haga darme cuenta de que cada día cuenta. Algo que me ayude a vivir, no a sobrevivir. 

Llevo varios días pensando que te echo de menos, pero no como te imaginas. No echo de menos nuestra relación, ni mucho menos, ni siquiera te echo de menos a ti físicamente. Echo de menos lo que teníamos. La sensación de saber que estabas para todo, que eras amigo antes que pareja, que podía contarte cualquier gilipollez y que creías en mi. 

Siempre me sentí muy apollada por ti, a lo mejor por eso sigo dedicándome a escribir cuando algo no va bien y no soy capaz de hablar de ello. 

Compartimos esperanzas para el futuro, sueños que nunca se harán realidad, logros que nunca se cumplieron y muchas decepciones que la vida decidió dejarnos. 

Estoy demasiado estancada, no sé cómo seguir. No sé lo que siento ni soy capaz de descubrirlo. No queriendo hacer daño a nadie me lo estoy haciendo a mi misma. 

Queriendo hacer las cosas bien, al final, la estoy cagando y no sé cómo arreglarlo. 

lunes, 2 de septiembre de 2019

Los días raros.

Escuchando a Vetusta Morla de fondo me doy cuenta de que hoy es uno de esos días raros. Es un día de esos en los que noto que algo no va bien, que algo falla. Es un día de esos en los que no sabes si aguantarte las lágrimas o dejarlas que campen a sus anchas por tus mejillas.

Son las 20:55 de la tarde y llevo todo el día con el cuerpo raro. Esta mañana, tras otra bronca, se me ha venido el mundo abajo. Pensaba que había avanzado, que estaba caminando lejos, dejando atrás todos los fantasmas del pasado, pero me he dado cuenta de que sigo en el mismo sitio, estancada como hace meses, echando raíces en el suelo.

Soy de las que piensan que los finales felices escasean aunque por el camino nos llevemos alguna que otra alegría. Soy consciente de que podría hacer las cosas mejor, seguir las reglas impuestas por la sociedad pero prefiero salirme del camino dejándome llevar por los problemas. Es muy agotador pensar siempre en los demás, dejándote a ti siempre atrás.

Hoy han vuelto los fantasmas del pasado, esos que pensaba que ya me habían abandonado. Los recuerdos mejor guardados en el fondo del corazón, para que no duelan tanto. Enterrados. Sólo me hace falta cerrar los ojos y recordar cómo quedó todo la última vez, manchado de gris, de palabras amargas. No, créeme, no quiero que vuelva a repetirse ese desastre. Nada de esto merece la pena, porque hay cosas, viejo amigo, que no deberían ser.

Como bien dice Pucho en Mapas, cada error en cada intersección, no es un paso atrás, es un paso más. 

miércoles, 17 de abril de 2019

Lo mejor.

Me dijiste que sería lo mejor, ¿pero lo mejor para quién?

¿Lo mejor para mis ojos, que no dejan de llover por ti? ¿Lo mejor para el insomnio, que ha vuelto para hacerme compañía y quedarse?

¿Lo mejor para los viajes que ya no podré hacer porque todos ellos quería hacerlos contigo de la mano?

¿Lo mejor para los planes de futuro que habíamos hecho? ¿Lo mejor para quién?

Dime, por favor, ¿lo mejor para quién?

Estoy sentada esperando a ver cómo te conviertes en un desconocido, imaginando cómo podría haber sido mi vida de haberla pasado contigo.

Estoy volviendo a repasar todos aquellos momentos en los que fui feliz y he vuelto a escuchar todas las canciones que me dedicaste, como si fuese la primera vez y no doliese.

Nunca quise que acabara, que te despidieses con un beso en la frente como de normal hacías.

Me deseaste lo mejor, me dijiste que nos merecíamos otras cosas que juntos no podríamos darnos.

Buscaste excusas en heridas abiertas y entraste de lleno y sin protección.

Llevó 3 días intentando convencerme de que no volverás. ¿Sabes? Cuando se quiere no se duda. Pero admito que he dejado la puerta entreabierta por si se te ocurre llamar.

Intento asumir que esto se ha acabado, que vuelvo a ser la chica que escribe de madrugada por tener el corazón hecho pedazos. La chica que se encierra en casa y se aísla a su manera del dolor que siente.

Sé que algún día volveremos a encontrarnos y te diré que echo de menos hasta lo que no me gustaba de ti, y quizás no sintamos nada, o quizás pasemos a serlo todo, por fin.

jueves, 21 de febrero de 2019

Querida yo del futuro

Hazme caso, vuelve a leer esto cuando haya pasado tanto tiempo que ni te acuerdes de haberlo escrito.

No sé qué será de ti, no sé si seguirás persiguiendo tus sueños o los habrás abandonado ya, pero quiero saber algo antes de continuar.

El día que estés releyendo esto espero que hayas saciado tus ganas de viajar. Espero que no hayas perdido tus ganas de conocer nuevos rincones y de dejarte enamorar por la gente y la cultura del lugar más desconocido del planeta.

Quiero que seas sincera y me digas si eres la dueña de tu vida. Quiero saber si has perseguido hasta el más tonto de tus sueños o has dejado de hacer algo que te apasionaba sólo porque alguien se ha dedicado a quitarte las ganas.

Quiero saber si has aprendido a prescindir del reloj y de las agendas. Quiero saber si tus ganas de tenerlo todo bajo control y organizado te han abandonado. ¿Ha habido alguien capaz de hacer que te soltaras y disfrutaras de la vida? A lo mejor, por alguna casualidad, has sido tú quien decidió dejarse llevar.

Se sincera, ¿sigues pensando que tu piel es un lienzo y te has seguido tatuando después de cada borrón y cuenta nueva?

Necesito saber que amaste y que dejaste que te amaran como te mereces, porque tenías un corazón demasiado grande y mucho amor por ofrecer. Necesito saber que al fin lograste quererte, con tus kilos de más o tus kilos de menos. Con tus cicatrices y tus heridas.

Ya que estamos, quiero preguntarte por la familia. ¿Logramos enterar el hacha de guerra con nuestra hermana? ¿Mamá? ¿Y los peques de la familia?

¿Conseguiste llevar a cabo ese plan loco de iros a vivir a Zaragoza con Guillermo? ¿O estás viviendo cerca de alguna cala en Lanzarote? Espero que al menos uno de los dos lo hayas cumplido.

Me queda poco por decirte, no te desesperes. Lo último que te diré es que no te preocupes por las cicatrices y las arrugas, al final, son señales de que has vivido. Siéntete segura y orgullosa de cada una de ellas. Y ahora, dicho esto, quiero pensar que eres feliz.

A mi yo del futuro, dime que te quieres.

jueves, 7 de febrero de 2019

Qué bonita eres, Lanzarote.


Recuerdo como si fuese ayer la primera y última vez que visité la isla de Lanzarote.

Cuando salimos del aeropuerto lo primero que pensé fue que estábamos en Marte. Estábamos rodeados de volcanes, arena negra y palmeras. Recuerdo llegar a la isla de César Manrique, la que adornó con juguetes de viento, y sentir que una parte de mí se quedaría allí para siempre. Allí, donde reina el picón, el yeso y la Malvasía. Allí, donde descubrí el Appletiser. Allí donde reina el negro, el blanco, el verde. Allí, donde las carreteras desnudas de coches serpentean y serpentean.

Lo primero que pensé fue en por qué no había ido antes. ¿Por qué nadie me había dicho que no hace falta irte muy lejos para llegar al fin del mundo? Cuando aterricé en la isla pensé que estaría repleta de turistas, llevando orgullosos sus pulseras con "todo incluído", pero qué equivocada estaba.

Fuimos a los Jameos del Agua, a la Cueva de los Verdes y al Mirador del Río. Hicimos la Ruta de los Volcanes del Parque Nacional de Timanfaya. Pasamos por el Jardín del Cactus. Y aún habiendo hecho todo eso, siento que dejamos muchas cosas sin ver.

Cruzamos las mil palmeras de Haría, probé por primera vez el pescado en Arrieta y compartimos unas creps con mermelada de naranja amarga en Costa Teguise.

Nos bañamos en la Playa de Famara, pasando por la playa de Las Cocinitas y acabando en cualquier rincón que tuviese mar.

Creo que me dejé tantas cosas por hacer y ver para tener una excusa para volver. Y por eso, volveré para pasear por la playa de Famara y dormir allí a la luz de la luna.

Lanzarote me robó el corazón y una parte de mí se quedó en la isla. Fueron las dos semanas mejor invertidas en un viaje. Y a ti, Lanzarote, como dice el dicho: "Si eres guapa y eres rica, qué más quieres Federica”.

miércoles, 16 de enero de 2019

Hoy mi mejor amigo cumple 22 años, los dos patitos, y no sé qué escribir en este texto, no sé cómo explicarle con las palabras exactas que todos los días le doy las gracias a ese “quiensabequé” que ha hecho que nos encontremos,  no sé cómo explicarle, para que entienda, que aunque no le conozca de toda la vida, aunque no lleve mi sangre, él es una de las pocas personas por las que no me pensaría dar la vida.

No sé qué palabras escribir para que no dude de que voy a estar siempre por muy lejos que la vida nos lleve, para que confíe en mi, para que cuente conmigo, para que no se le acabe la esperanza, porque él es mi mejor amigo, el que destaca entre todos, él único capaz de hacerme sonreír cuando estoy mal, el único capaz de secarme las lágrimas que se esconden dentro, esas que nadie ve, excepto él. El único que puede hacerme sentir que no estoy sola en una habitación vacía. Él es la persona que hace que no pierda la esperanza por las cosas duraderas. Yo hace once años me arriesgué a poner la mano en el fuego por nuestra amistad, porque duraría, porque esta no era como las demás, esta era especial, no una amistad cualquiera, ¿y sabéis qué? Hoy mi mano sigue en el fuego… ese que a veces me ha dado calor, pero nunca me ha quemado.

Hoy mi mejor amigo cumple 22 años, y no sé cómo decirle que tenga cuidado, que ande despacio, paso a paso… que no hay prisas para hacerse mayor. 
Ayudadme a explicarle que quiero seguir junto a él durante muchos años, que si me echa de su vida me muero, explicadle que no quiero distanciarme, que prometo llamarle más para recordarle las perlitas que he soltado por la boca y así conseguir que se ría durante unos minutos, que buscaré la manera de poder visitar la Gran Manzana juntos y prometo recordarle lo mucho que le quiero todos los días.

Felices 22 añazos Daniel Heras.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Querido 2019.

Hola 2019, debería empezar por presentarme, sé que todavía no has llegado, pero estás a la vuelta de la esquina. Te espero con todas las ganas, soy la chica que te ha dejado hueco en la cama para que la sorprendas cada mañana.

Verás, voy a ser sincera durante un rato. Durante este año he vivido mucho, he vivido de verdad. Tengo cicatrices en el cuerpo por las batallas de este año, unas las llevo en el corazón y otras a simple vista. Han habido personas que me han marcado el alma. Me he dejado la piel con los que han merecido la pena y les he dicho adiós a aquellos que decidieron marcharse. Han entrado también personas increíbles en mi vida a principios de año con las que espero seguir compartiendo risas, besos, abrazos y muchos momentos mágicos como este año. He puesto el corazón en cada cosa que he hecho este año. Los miedos a veces me visitaron de madrugada pero he aprendido a vivir con ellos. He viajado, he conocido lugares que enamoran, y personas que enamoran aún más. Me he equivocado, la he cagado 2018 veces por decir un número, porque la lista es mucho más larga. He aprendido, y si no lo he hecho ya lo haré en el futuro.

Querido 2019 quería pedirte algo. Sé que faltan aún 39 días para que llegues, sé que no me conoces, sé que llegarás entre risas, música, campanadas y copas de más. Presenciarás la primera resaca, los regalos, los te quiero y las ganas. Por ello, quería pedirte que me trates bien, que sí, que venga lo que tenga que venir, que pase lo que tenga que pasar, pero que seas bueno, que las lágrimas no superen a la risa, que me veas luchar y triunfar y que me regales la vida. Quiero que este año sea un cuento con final feliz, con obstáculos, batallas a capa y espada, versos, amor, amistad, salud…lo que se pide siempre. Pero además, por pedir, te pido que cuides de los míos. Que cuides de los nuevos miembros de la familia y a los que están por llegar. Incluso te pediré que cuides de los que se han ido, de los que un día estuvieron y decidieron dejar de estar. Te pediré que cuides de Ele, de Grinch y de Max.

Querido 2019, ¿sabes qué? No estaba deseando tu llegada porque cuando llegas significa que el tiempo pasa, que el Peter Pan que llevo dentro ha crecido y que se cierra una nueva etapa aunque no lo parezca. Ya sabes el miedo que me dan los cambios y más cuando no sé lo que me depararán. El futuro está en tus manos, y en las mías, así que prométeme que serás bueno, que quiero que cuando llegue tu último segundo mi yo más sincero suplique que te quedes…Pero ya sabemos que no todo es para siempre, así que por favor, querido 2019, haz que dure, haz que sienta, haz que viva sin prisas.

Sorpréndeme, y no me falles, que tengo 2019 y alguna razón de más para ser feliz.



 Atentamente, Alexandra.

Carta a ti, travesura realizada.

No hace falta contar los días que han pasado, los kilómetros que nos separan (aunque vivas a menos de 60 km de mi) o las personas que nos distancian. No lo necesito. Fuiste la pieza principal del puzzle, esa que ya no encaja ni a presión, que vive de sueños e ilusiones que ya no coinciden con los míos.

Gracias por haberme enseñado a llorar, por haberme vuelto fuerte, por haber bombardeado a besos mis mejillas. Gracias por hacer que sintiera amor, ese algo que a gente como yo le daba miedo sentir. Tú, mi travesura realizada, has conseguido que aprenda a golpes, a palabras y sin libros. 

Así, sin magia ni trucos te fuiste o me marché yo, quién sabe. De aquello que construimos entre los dos, solo quedan los huesos y hoy somos como dos extraños que no tienen el valor de mirarse a la cara.

Nunca he llegado a odiarte. Había veces que pedía que volvieras arrepentido, ahora sólo sonrío cuando alguien se llama como tú, después se me hace una bola en el estómago y de nuevo revivo. Porque el tiempo ha pasado, las heridas han cicatrizado y yo he crecido, pero no a tu lado.

Hoy brillo más que nunca, me hiciste daño, incluso sé que yo a ti también te lo hice, aunque debo decir en mi defensa que nunca lo hice intencionadamente. Aprendí a querer sin barreras, a amar a fuego lento. A fijarme más en los defectos de la otra persona y a acabarla queriendo incluso más por eso mismo.

Hoy te doy las gracias por haberme mostrado otro mundo que no era ni blanco ni gris, sino que tenía el mismo color que tenían tus mejillas cada vez que salías de nadar, y que, aunque ya no estés, sé que todo sigue igual.

Gracias por haberme convertido en la persona que soy a día de hoy,
y puedes estar tranquilo,
no puedo odiarte, 
y mucho menos te tengo rencor.

Porque al fin y al cabo, al igual que alguien se enamora locamente de una persona, también tiene derecho a desenamorarse. Sin embargo, también vengo a advertirte de que el día que me olvides por completo, de la nada, sin quererlo, apareceré de nuevo en tu cabeza, soy así, yo no duelo, yo marco, me quedo tatuada en tu piel y me esposas a tu pecho, queriendo o sin querer. 

Simplemente gracias por todo, a ti, travesura realizada.

lunes, 29 de octubre de 2018

La chica del pasado.

Querida sustituta,
ahora que tú eres la que le da la mano, quiero contarte unas cosillas, breves, pero importantes.

Antes de nada, quería pedirte que te dejes llevar, que es alucinante la velocidad con la que se le puede llegar a querer.

Posiblemente no me nombre muy a menudo, o puede que sí, pero seguramente lo haga lo más mínimo. Le entiendo. Ahora mismo yo sólo represento la palabra "pasado" en su vida y tú eres el "futuro". Y ojalá seas su futuro durante mucho tiempo.

Ni puedo ni quiero decirte cómo le gustan las cosas, o cómo se hace querer, porque eso es algo que o ya has aprendido o con el tiempo lo irás aprendiendo. Día a día a su lado lo irás descubriendo.

Te diré que le encantan las series, aunque es más de películas y que abraza como nadie en el sofá en invierno.

Le gusta demasiado hablar, de hecho, diría que no calla, pero siempre aprenderás algo nuevo con él.

No le pongas a Vetusta Morla si no quieres un concierto en medio de la Plaza Mayor. "Un día en el mundo" es su canción favorita y te aseguro que puede cantarla a todo pulmón si se lo propone, sin importarle nada más. Aunque a lo mejor ahora ha dejado de escucharla tanto, por los recuerdos que pueda traerle.

Más veces de las que le gustaría el orgullo le puede, pero siempre acaba volviendo donde es feliz y donde le hicieron reír.

Tiene muchas ambiciones en la vida, diría que más ambiciones que sueños tontos. Es muy realista, créeme, para cada problema tiene una solución. Se encargará de hacerte ver la vida desde otra perspectiva.

En cuanto a ti, tú siempre serás la preferencia. Sólo tendrá ojos para los tuyos, espero que haya aprendido a centrarse en las cosas importantes.

Tengo que avisarte de que discutiréis, y no poco, pero lo mejor viene después.

En serio, quiérele, quiérele como se merece. Ni un poquito más ni un poquito menos. Ámale con todo lo que tengas.

Aunque él me ha hecho más daño que nadie y yo crea en el karma, no le hagas daño, por favor, ese dolor no se lo deseo a nadie. Ni siquiera a él.

Vas a conocer al hombre que te cambiará la vida, como un día lo hizo conmigo.

Te soy muy sincera cuando te digo que quiero que seáis muy felices.

Ojalá te dé a ti lo que prometió darme a mí en su día.

Atentamente,
la chica del pasado.

lunes, 15 de octubre de 2018

conversaciones.

Una noche como la de hoy, cuando menos te lo esperas, tu mente empieza a recorrer cada una de las pequeñas cajas fuertes que hay en ella. Cajas fuertes un poco especiales, unas que no tienen candado y que no necesitan ni llave ni código de seguridad para abrir, unas cajas que se abren así, sin más, sin pretenderlo siquiera. A veces se abren para bien y otras para mal, pero nunca podrás controlarlo. 
 
Dentro de muchas de estas cajas se almacenan unas conversaciones no tan cualquieras y que, sin comerlo ni beberlo, salen sin más, salen de dentro.  Unas son conversaciones simples. Otras tantas conversaciones cortas. Conversaciones más largas de lo que deberían ser.  Conversaciones sin sentido. Conversaciones por conversar. Conversaciones contigo.Y hazme caso que de estas últimas hay muchas, muchísimas y no terminan por mucho que nos quedemos sin temas de conversación. 
 
En nuestras conversaciones hay deseo e ilusión por algo que vendrá sí, pero nunca tristeza. Conversaciones para convencerte de que yo más, siempre. Conversaciones para demostrarme que tú sabes de todo más que yo, siempre. Conversaciones para imaginar un futuro, nuestro futuro juntos. Conversaciones de dos enamorados. Y esos dos somos tú y yo. Como otras veces, como siempre. Dos enamorados que seguirán almacenando conversaciones hasta que su mente no les deje conversar más.