martes, 23 de enero de 2018

Sin fuerzas.

 “Mira, no voy a discutir contigo, entiendo que estés dolida, entiendo que ahora te sientas mal y que busques refugio en recuerdos con X, lo entiendo perfectamente, pero no dejes que esto pare tu vida. Porque no hay razón, que si, que es un año, que si que le quieres, que si que lo que tu prefieras. Pero eso no significa que tengas que parar tu vida diaria por esto. Tienes amigos y familia, tienes trabajo, vives sola, haces lo que quieres, y ahora te vas a deprimir porque lo has dejado con un chico? Esa no es la neni que yo conozco. No te pido que lo superes mañana, pero tampoco te bases en "le echo de menos" porque si, le puedes echar de menos, pero eso no va a hacer que vuelva, no va a hacer que volváis a estar juntos. Y tienes que entender eso, comprendo que te duela, pero no puedes hacer ya nada más. No puede decir siempre "Si hubiese hecho esta de otra manera..." Vale no, lo has hecho así y ya está, no puedes volver atrás, igual que no puedes mudarte por el simple echo de que te recuerde a él. No puedes dejar de escuchar a Vetusta Morla por que él te lo haya enseñado, quédate con que has ido a muchas sitios, que has conocido a gente y comido cosas que nunca habías comido, y no porque sea gracias a X. Si habéis roto es porque así tenía que ser, y no hay más, no puedes sacar más de donde no hay, no puedes revivir algo que lleva tiempo muerto y eso tienes que empezar a entenderlo.”

Estas son las palabras que no quiero escuchar. Quiero que alguien me entienda, quiero que me dejen llorar tranquila tres, cuatro incluso cinco días si es lo que necesito. Quiero que entendáis que no puedo con esto. No puedo porque el mayor apoyo que tenia a mi lado se ha ido, me ha dejado, como todos acaban haciendo. No tengo fuerzas, no después de tanto tiempo, no después de tantos recuerdos. Me duele la vida en este momento. No tengo fuerzas para superar estos momentos. En mi casa mire donde mire todo me recuerda a X, por la calle más de lo mismo. ¡Joder! ¿Tan difícil es entender que no puedo yo sola con esto? Que ha sido un año entero de momentos, en mi casa, por la calle, con mi familia, con la suya. Todo eso pesa, y pesa de una manera que no os imagináis. No sé cómo debo actuar ahora. Le quiero, quiero estar con él, quería haber superado esto juntos, pero no hemos hecho nada ninguno de los dos y sin embargo la que se siente como una mierda en este momento soy yo. La que peor lo está pasando soy yo. Llevo desde el domingo llorando sin parar, nada me consuela y no encuentro la solución a esto.

jueves, 18 de enero de 2018

Quiero.

Quiero sorpresas, no promesas.

Quiero llegar a casa de trabajar y encontrarme una carta en el buzón, una en la que alguien me diga cosas bonitas. Incluso una carta de un desconocido recordándome que la vida hay que vivirla.

Quiero que me llames un día y me digas "asómate a la ventana", y que estés ahí, con el móvil en la mano, sonriendo y diciéndome "traigo la cena". Quiero llegar un día a casa y encontrarte en la cocina con las manos en la masa.

Quiero que llegues con dos entradas para ir a ver esa peli que tanto nos llamó la atención. Quiero que me invites a bailar, a salir una noche, a desconectar.

Quiero a alguien que me abrace cuando vea que algo no va bien, que algo me quita el sueño por las noches. Quiero a alguien a mi lado que me conozca más que yo a mí misma.

miércoles, 17 de enero de 2018

Empezar a vivir... al fin.

Soy el reflejo de esa persona a la que no quiero ver. Me planto frente al espejo y no soy capaz de mirarme, porque sé que si lo hago estaré mirando directamente a la cara a mis propios demonios. Tengo todos los errores, defectos e inseguridades marcados en algún rasguño sin cicatrizar en la espalda. Tengo los ojos tristes y la mirada perdida.
Soy un conjunto de locura y autodestrucción. Una bomba a punto de estallar. Soy dos manos temblando sin saber a qué agarrarse porque estoy encerrada en lo más profundo de mí misma. ¡Joder, no sé cómo salir de aquí!
Me partí el pecho en el intento de ser perfecta y sentí cómo se me colaron las inseguridades y los miedos. Sentí cómo poco a poco comencé a perder mi esencia y empecé a hacer de mis días una lucha interminable.
Acabé convirtiéndome en el campo de batalla de una guerra de desgaste. También me apunté a mí misma una y otra vez sin ser consciente de que si disparaba sería una vencedora vencida. Una vencida que en vez de luchar por sí misma acabó luchando por un canon que atenta contra lo increíble de cada persona. Debería haber entendido que mis defectos me hacían humana, una luchadora nata y una persona invencible.

viernes, 12 de enero de 2018

Marcos Taboada.

"Venga, joder, no te rindas ahora. No has llegado hasta aquí para quedarte tirada. Levántate, por favor. No puedo verte así, diciendo que no vales nada y que no vas a hacer nada. Yo siempre he creído en ti. Venga, vamos, sigue luchando. Cuando te conocí, dijiste que eras de esas que luchaban hasta el final por conseguir sus metas. Ya sé que has cambiado, el tiempo hace eso con las personas que sufren. Y que esta meta es más alta que nunca. Pero en el fondo sé que esa idea sigue igual en ti, y lo único que necesitas hacer es encontrarla. Lucha, pequeña, lucha. No te creas a esos que retuitean "como tú no hay dos, hay dos millones". Porque sabes de sobra que es mentira, que sólo es una excusa para no sentirse tan perdedores. Más bien créete a los que llevan por bandera algo parecido a "you don't give up on people you love", o "we'll fight 'till it's over", porque over significa el final de nuestra puta vida. Igual que esa absurda gilipollez de que si falla el plan A, el abecedario tiene 26 letras más. Ignórala, ellos se equivocan. Venga, sigue, yo sé que tú puedes. Que la dificultad te haga más bonita la escalada. Pelea por tus sueños, que si necesitas un empujón yo te lo doy. Pero por favor, no vuelvas a decirme que eres lo peor, que no eres capaz, no vuelvas a decirme que hoy lo dejas. Porque no te dejo."

Marcos, querido, has dado en el clavo. Estas palabras me inspiran tanta energía. Tantas ganas de seguir luchando. De volver a marcarme metas. De conseguir lograr aquello que llevo intentando años, de ser libre. Y de ser feliz, al fin, siendo yo el motivo de esa felicidad. Y cuando sienta que no puedo más, necesito a alguien a mi lado con la misma energía que tú, que me diga que yo puedo, que me ayude a levantarme, que me eche una mano, pero no al cuello.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Miedos.

Llevo meses viviendo con miedo. 
Miedo a encontrarme sola, a despertar un día y que no haya nadie a mi lado, ya no físicamente, que también, sino emocionalmente. 
Miedo a abrirme a la gente, porque un día acabarán haciéndome daño. 
Miedo a no ser capaz nunca de confiar en la persona que tengo al lado. 
Siento miedo a expresarme libremente y que me tomen por loca, o por exagerada. 
Tengo miedo a que un día no sea capaz de vivir y convivir conmigo misma. 
Tengo miedo de perder a mis amigos, a mi familia, a la gente que me rodea. 

Tengo tanto miedo por perder cosas que no me deja vivir. 

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Queréis una segunda taza de café para las fotos que subís a Instagram los domingos por la mañana u otro par de manos para las fotos artísticas de las vacaciones. Queréis publicar en todas las redes sociales que tenéis una nueva pareja, una nueva ilusión para que vuestros amigos puedan darle a 'me gusta' y publicar un comentario. Buscáis la publicación perfecta digna para el hashtag #relashionshipgoals. Queréis a alguien para salir a desayunar los domingos, a alguien para quejaros los lunes de la mierda de día que habéis tenido, a alguien con quien poneros las botas un martes a las nueve de la noche o a alguien que os deseé los buenos días todos los días.

Buceáis por Tinder para encontrar a la persona adecuada, como si intentárais hacer un pedido a domicilio de vuestra alma gemela. Invertís más tiempo en vuestros perfiles de Tinder que en vuestra propia personalidad. Y aún así no queréis tener una relación. ¡Claro! Es que se me olvidaba que sois la generación que no quiere relaciones ni complicaciones. Queréis la fachada de una relación pero no estáis dispuestos a aceptar el esfuerzo que implica tenerla.

Queréis cogeros de la mano pero no miraros a la cara; queréis coquetear pero no estáis dispuestos a mantener una conversación seria; queréis promesas pero no un compromiso real, verdadero; queréis celebrar aniversarios pero sin los esfuerzos que implican. Queréis un "felices para siempre" pero no queréis esforzaros ni lo más mínimo aquí y ahora. Buscáis relaciones profundas pero sin ir muy en serio. Esperáis un amor de campeonato pero no entrenáis lo suficiente.

Queréis a alguien que os dé la mano pero sin darle el poder a ese alguien de haceros daño. Queréis oír frases de ligoteo sin dar la oportunidad de que os conquisten. ¡Cómo no! Os da miedo que se vayan y os dejen. Queréis seguir persiguiendo la idea del amor, pero no queréis caer en ella.

No queréis relaciones: buscáis amigos con derecho a roce, "manta y peli" un domingo por la tarde y fotos sin ropa por Snapchat. Queréis todo aquello que os haga sentir la ilusión de una relación pero sin tener una relación de verdad. Queréis todas las recompensas sin asumir ningún riesgo, sin ningún coste. Queréis comprometeros un poquito, pero no al cien por cien. Os lo tomaís con calma. No os gustan las etiquetas, simplemente salís con alguien.


17 de diciembre del 2017.

Un año.

12 meses, 365 días, 8760 horas, 525.000 minutos, 31.536.000 segundos han pasado desde aquel 17 de diciembre del 2016 tan especial y perfecto.

¿Te acuerdas del lío que montamos? Si es que somos el desastre en persona. Y bueno, después de aquel lío por fin nos encontramos, igual de nerviosos los dos. La tarde sólo pudo mejorar después de aquello.

El paseo por el parque, el rato ayudándome a escoger el regalo de Dani, la conversación tan interesante en el 100 Montaditos, la peli y la peli después de la peli. Esa noche fue perfecta.

Te agradezco que aparecieras en mi vida, que tuvieses tantos detalles conmigo el día que nos conocimos, te agradezco que te quedaras al día siguiente, y al otro, y todos los que le siguieron a aquel.

Gracias por haberme aguantado este año todas mis manías, todas mis rabietas y por aceptarme y quererme tal cual soy. Gracias por no dejar que me fuese a casa aquel 1 de enero, aunque eso haya supuesto conocer a tu familia antes de lo debido. Gracias por tantas cosas que no puedo explicar.

Desde que entraste en mi vida me la cambiaste completamente. De ahora en adelante quiero seguir sumando días, meses, años y todos los retos que se nos pongan por delante. Quiero que nos levantemos juntos tras cada caída, quiero que vayamos en la misma dirección y por si acaso uno de nosotros se tuerce que el otro sepa enderezarlo.

Quiero que seas mi presente y que sigas siendo mi futuro. Y quiero que sepas que te quise ayer, te quiero hoy y te querré mañana porque te lo mereces, porque has sabido ganarme poquito a poco. Y, por último, quiero aprender a quererte mejor cada día, y sí, mejor, porque quererte más es imposible.


Te quiero.