lunes, 15 de octubre de 2018

conversaciones.

Una noche como la de hoy, cuando menos te lo esperas, tu mente empieza a recorrer cada una de las pequeñas cajas fuertes que hay en ella. Cajas fuertes un poco especiales, unas que no tienen candado y que no necesitan ni llave ni código de seguridad para abrir, unas cajas que se abren así, sin más, sin pretenderlo siquiera. A veces se abren para bien y otras para mal, pero nunca podrás controlarlo. 
 
Dentro de muchas de estas cajas se almacenan unas conversaciones no tan cualquieras y que, sin comerlo ni beberlo, salen sin más, salen de dentro.  Unas son conversaciones simples. Otras tantas conversaciones cortas. Conversaciones más largas de lo que deberían ser.  Conversaciones sin sentido. Conversaciones por conversar. Conversaciones contigo.Y hazme caso que de estas últimas hay muchas, muchísimas y no terminan por mucho que nos quedemos sin temas de conversación. 
 
En nuestras conversaciones hay deseo e ilusión por algo que vendrá sí, pero nunca tristeza. Conversaciones para convencerte de que yo más, siempre. Conversaciones para demostrarme que tú sabes de todo más que yo, siempre. Conversaciones para imaginar un futuro, nuestro futuro juntos. Conversaciones de dos enamorados. Y esos dos somos tú y yo. Como otras veces, como siempre. Dos enamorados que seguirán almacenando conversaciones hasta que su mente no les deje conversar más.

domingo, 7 de octubre de 2018

Ven a equivocarte conmigo.

Si piensas renunciar a ser perfecto, ven a equivocarte conmigo. Cuando no te importen los rasguños ni las heridas. Porque mientras haya tiritas que puedan pegarse a base de besos, y cicatrices que puedan coserse a base de abrazos, el resto puede que termine convirtiéndose en un todo. Con tantos “para siempres” vamos encargándole al futuro todo aquello que no somos capaces de construir hoy. Que es mejor querer a corto plazo, bajo intervalos reales de tiempo, que desquerer después, con el amargo sabor de aquellas decepciones que son las que más duelen, las que tenemos con nosotros mismos.
Por eso voy a quererte como se quieren las cosas que realmente se disfrutan: aquí y ahora. Con la única condición de que quererte a ti nunca signifique quererte más de lo que debería quererme yo. La única persona para la que un “para siempre” nunca debería ser condición, sino obligación.
Y de esta manera, poquito a poco, tu nombre será el destino de mi próximo viaje. Embarcaré en tus abrazos a tus primeros latidos para subirme a tus pestañas después. A continuación me sentaré justo en tu mitad porque, aunque no necesito una salida de emergencia, quiero notar cómo se vuela el mundo sobre tus alas.
Porque quién necesita aviones teniéndote a ti.
Y es que tantos años investigando y yo tan pocos para descubrir que el universo puede leerse en braile bajo cada uno de los lunares de tu espalda. Para qué querré pisar la luna si, sin esfuerzo, consigo sentirme en ella cada vez que tus comisuras se deshacen de su timidez. Cada vez que además de en destino, me conviertes en el motivo de cualquiera de tus sonrisas. Por eso ven. 
Tenemos razones suficientes por las que equivocarnos. No me guíes, acompáñame. Porque quiero una mano que me levante cuando tropiece e, incluso, que esté dispuesta a tropezar conmigo. Que yo nunca he tenido paciencia para leerme las instrucciones. Que yo siempre he sido más de corazón, intuición y ensayo-error. Ensaya conmigo. 
Y cuando confort se convierta en conformismo, avísame. Porque si algún día nos convertimos en error y dejamos de vibrar, al menos, no podremos recriminarnos el no habernos intentado.

viernes, 5 de octubre de 2018

Venga, va.

Tengo un plan perfecto preparado para ti. Consiste en coger un avión un martes a las ocho y cuatro minutos de la mañana dirección a la ciudad más bonita del mundo. Sería un plan corto, de esos que cuando terminan te dejan con ganas de más, que básicamente consistiría en invitarte a tomar un café en el balcón de un hotel con vistas a la Torre Eiffel, contarté allí mis planes de futuro, que me encantaría poder escribir algún día un libro con un protagonista que enamore tocando el piano tan bien como lo haces tú, o escribir un libro contigo que hable de nosotros sin ser nosotros; y volver a coger el avión para llegar de nuevo a este parque al día siguiente, volver a mirarte como se mira lo increíble desde la fila de detrás. 
Y es que nunca he visto unos iris tan llenos de ilusión, una mirada que me advirtió de que si empezaba a quererte esto podría ser una muerte perfecta, la sentencia definitiva que tanto andaba buscando. Ese plan del que te hablaba incluye que si quieres te puedo invitar a ser feliz, pago yo, por supuesto, que me han contado que eres el chico de la sonrisa bonita y el corazón roto, y yo tengo aquí unos cuantos versos dedicados para ti que podrían coserte. También puedo invitarte a que te quedes en mi cuerpo, que hay cicatrices de sobra como para que les pongas nombre y las visites cada día para evitar la hemorragia en cualquier momento. Y no sé cuánto tiempo le quedará a París; pero se merece vernos saltar juntos sobre sus charcos y que su cielo sienta vértigo cuando le miren tus ojos.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Esta es la última vez que te escribo.


Me dijeron una vez que, cuando no podemos expresar nuestros sentimientos porque las palabras se empeñan en no salir, cuando no nos va a escuchar quien tiene que hacerlo o cuando, simplemente, es mejor quedarse en silencio, lo mejor es escribirlo. Y funciona. Me funcionó en su momento. Hoy, después de meses, me he vuelto a sentir como en aquellos tiempos y me he reconocido, tiempo atrás, en una situación similar. Por ello, voy a escribir lo que siento. Pero seré sincera por última vez. Venga lo que venga después, no volveré a hablar del tema. 

No se trata de rencor, no se trata de querer y no poder. Que no quisiéramos cambiar nada, de nada serviría poder hacerlo. Simplemente, se trata de leer estas palabras, y sobre todo, de que alguien las lea. (Sé que la persona que tiene que leer esto lo hará, con eso me basta). Porque en algún momento de mi vida alguien me dejó marchar, y aunque haya llovido bastante desde entonces y sus huellas se hayan borrado por completo, de vez en cuando, recuerdo que un día alguien me dejó marchar. Y hoy, simplemente, quiero darle las gracias porque sin él, y esos días grises, hoy todo sería diferente. Por lo que, a quien me dejó marchar le doy las gracias por haberme construido.

Hubo días malos. No vamos a fingir que no ha sido así. Hubo días muy malos. No sé si los hubo para ti, me imagino que sí. Cuando algo se acaba, aunque una de las partes esté totalmente convencida, siempre duele. No porque tengamos alguna duda, ni porque no lo deseemos, sino porque en algún momento, cuando todo comenzó, pensamos que el final no llegaría nunca. Y sin embargo, llegó, porque todo se acaba, de una manera u otra.

Pero también hubo días buenos. En los que comparo, y me doy cuenta de que tal vez es mejor así. Y que, probablemente, hubiera sido mejor así desde hace más tiempo del que queríamos creer. Que nos aferramos tanto a algo, simplemente por rutina o por comodidad, que olvidamos todo lo bueno que nos estamos perdiendo.

No te deseo nada malo, de hecho, espero que encuentres el amor y, que esta vez, no tenga punto final. Que esta vez sepas valorar lo que tienes al lado. A veces, simplemente, las cosas no salen como queremos. Que esa frase de “no eres tú, soy yo” tiene más sentido de lo que queremos creer. ¿Que qué pasó? La vida. De nada sirve estar con alguien por pena o compromiso, simplemente es alargar lo inevitable. Has de saber también que las cosas se pudieron hacer mejor, pero que tampoco es fácil. Que los hechos se van desencadenando un poco al azar y otro poco con la mala suerte. Podríamos haber estado a la altura y ninguno de los dos lo hizo, no vale ahora echarse en cara cosas del pasado. 

No lo sé. No sé qué pudimos haber sido. Y ahora, la verdad, no me importa. Me importó en su momento, y esa idea rondó por mi cabeza hasta que mi imagen de ti se difuminó y se perdió entre mis 
recuerdos. Porque, si algo tengo claro, es que siempre permanecerás ahí, en alguna parte de mi memoria, como alguien especial. Que si nos encontramos, no quiero que actuemos como desconocidos, porque si algo duele realmente es fingir que algún día no fuiste importante para mí. 

Pero alguien ocupó tu lugar. Y, obviamente, alguien ocupó el mío. Y así es como ha de ser, no quiero huecos vacíos en ningún corazón. Pero también tengo que decir, a quien me dejó marchar, que es una decisión con la que tendrás que cargar el resto de tus días. Que puedo prometerte, que jamás encontrarás alguien como yo, al igual que estoy segura que nunca conoceré a nadie como tú. Porque todos somos únicos, inigualables, especiales desde los pies a la cabeza. Que nadie te volverá a mirar con los mismos ojos, ni te sonreirá de la misma manera. Que nadie volverá a hacerte reír del mismo modo. Que nadie volverá tampoco a cabrearte de la misma manera. Ni a hacerte llorar. Tampoco nadie intentará sorprenderte siempre de la manera que yo lo hacía. Y tal vez, en algún momento, cuando creas que me olvidaste, alguien pasará a tu lado con mi perfume, que resulta ser el mismo que usas tú y que tantas veces te robaba, y durante unos segundos volverás tiempo atrás. Y pensarás. Pensarás en mí y en esos momentos. 

¿Sabes qué creo? Que un día cualquiera, una mañana cualquiera, después de un tiempo, te despertarás con alguien a tu lado y te darás cuenta de que me echas de menos.

Hay historias que nunca acaban pero, del mismo modo, hay otras que nunca llegaron a empezar. Te deseo lo mejor a ti, a quien me dejó marchar, por hacernos libres.


lunes, 9 de abril de 2018

Carta número 100.

Sábado, 24 de Marzo, 2:57.

Volver - Morgan.

 
Nunca se me ha dado bien hablar de sentimientos, así que sentada aquí, en la terraza de mi casa a las 3 a.m. prefiero escribirlos en esta carta. Si soy sincera conmigo misma no sé si seré capaz de decírtelo algún día, o si quiero, o si por casualidad llegarás a leerlo tú mismo; supongo que esto serán unas cuantas hojas más escritas en sucio, un par de papeles olvidados en el fondo del cajón.

Necesito abrirme en canal una vez más. Llevo varios días queriendo mantener la esperanza por si acaso algún día decides volver, pero esto es la vida real. La vida en la que nuestros caminos se separan y no sé si algún día volverán a juntarse. Quiero, o quería, ya no estoy segura, creer que nosotros seríamos la excepción y que todo esto saldría bien. Me equivoqué. Me estoy dando cuenta de que a partir de ahora las cosas no serán fáciles. Ahora, cada vez que me miro al espejo, me acuerdo de ti y de cómo me enseñaste a quererme. Incluso después de dos meses, la gente me sigue preguntando por ti. Siento que el mundo se ha puesto en mi contra y está haciendo que te recuerde y te eche de menos (de hecho, llevo varios días haciéndolo).

Juro que estoy intentando volver a mi vida de antes, de sonreír, de salir y disfrutar con mis amigos, pero es que no puedo. No es fácil volver a la rutina cuando la rutina era estar contigo. Ahora, cada vez que suena el teléfono, mi corazón empieza a bombear sin control deseando que seas tú y siempre acaba llevándose una decepción, ya no aparece tu nombre en la pantalla. Estoy empezando a echar de menos que me piques, que te metas conmigo y sobretodo, echo mucho de menos que me digas que me quieres así de la nada y porque sí, porque te apetece decírmelo y que mi sonrisa de tonta haga acto de presencia.

Sólo quiero pedirte una cosa. Quiero que hagas todo lo que no has podido hacer conmigo. Que demuestres a todos lo que vales, pero principalmente que te lo demuestres a ti mismo. Prométeme que te sacarás la carrera, que te seguirás dedicando a la natación y que llegarás a ser todo lo que siempre quisiste ser aunque yo no esté contigo para verlo. Estoy segura de que llegarás a conseguir todo lo que te propongas y aquí, en medio de Madrid, habrá una chica súper orgullosa de ti.

Quiero que te enamores, que encuentres a alguien y la dejes ser la primera en todos los sentidos de la palabra. Dile que te cuide, que te mime cuando estés malo o que te escuche cuando le cuentes tus batallitas.

Si la encuentras dile que una chica como yo se muere de la envidia por no ser ella.


domingo, 11 de marzo de 2018

Nada será igual.

Y sé que después de ti nada será igual. Tú marcaste el antes y el después de una vida caótica aportando la luz que necesitaba.
Tú fuiste mi Big Bang, mi diluvio universal, mi primera guerra nundial.
Tú me llevaste al límite, me hiciste tocar el cielo, me hiciste estremecer.
Y lo tenía todo. Todo lo necesario para levantarme cada mañana con unas ganas locas de comerme el mundo.
Ahora el mundo me come a mi.
Y sólo me queda el recuerdo de esa explosión, que al fin y al cabo me salvó la vida.

lunes, 29 de enero de 2018

Cerrar capítulos; pasar página.

Hasta hace unos minutos estaba convencida de que intentaría luchar por ti, de que intentaría darle una enésima oportunidad a lo nuestro porque te quiero. Pero yo ahora me pregunto ¿para qué? Si hace solamente una semana que me has dejado hecha una mierda en mi casa y te fuiste sin mirar atrás  y ahora ya estás buscándome nueva sustituta. No me arrepiento de nada de lo que ha pasado entre nosotros, me ha servido para aprender ciertas cosas.

Cosas como que tengo que valorarme, que no tengo que cambiar por nadie si nadie no cambia por mi, que no tengo que dejar que me tomen el pelo, que se piensen que soy imbécil. He aprendido que tengo que hacerme valer.

Llevo una semana sin dormir, llorando por una persona a la que le ha importado una mierda todas las cosas que hicimos, que vivimos, las metas que superamos y las veces que nos caímos. ¿Para que voy a seguir luchando por ti si a la primera adversidad que se nos presenta decides abandonar como el cobarde que eres?

Me da pena. Me da pena haber abierto los ojos tan tarde y darme cuenta de que en tu vida no era más que un estorbo y un impedimento para vivir la vida que querías desde el primer momento. Quiero cerrar cuanto antes este capítulo de mi vida y seguir adelante.

A rey muerto, rey puesto.