domingo, 26 de enero de 2020

Me echarás de menos.

Me vas a echar de menos en cuanto la mires y no veas las playas que visitamos juntos. En cuanto la toques y no te tiemblen las manos. Me vas a echar de menos cuando te des cuenta de que ahora sonrío más, que estoy más guapa que nunca y que no parece que me haga falta nada para ser feliz.

Me vas a echar de menos cuando aparques el coche delante de su trabajo y no sea yo la que salga por la puerta con mi vestido rosa sonriendo como una niña. Te darás cuenta de que me echas de menos cuando brindes con ella, con una cerveza en la mano, y te entre de golpe mi resaca emocional. Cuando haga frío y ella no tiemble, cuando los domingos no sea yo la que te busque las manos debajo de la manta y cuando tu mano no encaje del todo con la suya y no sepas por qué es.

Me vas a echar de menos incluso cuando nadie te cambie la música en el coche, cuando no te agarre por la espalda como si fueras su mayor regalo.

Me vas a echar de menos cuando te pase ella y no yo. Cuando no exagere todo, cuando ella no te sepa regalar eso tan sencillo que no se regala. Me vas a echar de menos y yo sólo puedo decirte - y ojalá que no te siente mal - que a esta derrota invito yo. Que te den. Adiós.

martes, 14 de enero de 2020

Aprende a querer

Hay muchas maneras de querer.

No todos los "te quiero" vienen a significar lo mismo. No todos queremos de la misma forma, ni queremos que nos quieran igual. Hay amores que no valen, amores que vienen con fecha de caducidad, amores que se caen si el viento sopla un poquito más fuerte, amores que no dan tanto como reciben de la otra parte. Hay "te quiero" que a la larga es soledad, que se convierte en lágrimas, desesperación, ruinas o tiempo perdido.

Por otro lado, están los amores cobardes: esos que tienen miedo de salir heridos. Se aferran a su soledad, se encierran en sus sentimientos y acaban haciendo daño. Y ni siquiera se dan cuenta. Pienso que para querer bien hay que abrirse en canal, hay que estar dispuesto a conjugar verbos en futuro, a construir proyectos que empiecen por un nosotros. Y sobretodo no temblar cuando "nosotros" sea la primera palabra de la frase.

Para querer bien hay que cuidar los detalles, hacer partícipe a esa persona con la que estás compartiendo tus días, renunciar a pequeñas cosas sin ser conscientes, hacerlo simplemente porque te apetece, no porque la otra persona te lo imponga. Y que todas esas cosas merezcan la pena. Si te suponen un esfuerzo, no te esfuerces, no las quiero. 

Porque cuando dices que me quieres, pero lo haces media voz, sé que no me quieres bien. La única manera de minimizar los daños es alejarme, ponerme una coraza, y de pronto deja de importar, ya no estoy tan pendiente, ya no me hace tanta ilusión. Y me alejo.

Me dueles, me decepcionas, me alejo y me pierdo.

Mira, quiéreme bien, o no me quieras. Caminar en dirección contraria a la tuya no formaba parte de mis planes, pero créeme que no seguiré esperando a te quieros de verdad. Porque los míos son de verdad, son sinceros, porque yo me lo merezco. La puñetera frase de no saber lo que tienes hasta que lo pierdes conmigo no funciona. Quiéreme bien o no me quieras, dámelo todo o no me des nada. 

sábado, 5 de octubre de 2019

He vuelto a fumar


Joder, no quería hacerlo y mira. Aquí estoy. A las 21h55 en la terraza de mi habitación recordando viejos tiempos, viendo como poco a poco se consume el cigarro.

Llevo varios días con una sensación rara en el cuerpo. Necesito encontrar algo que me llene, algo que me haga darme cuenta de que cada día cuenta. Algo que me ayude a vivir, no a sobrevivir.

Llevo varios días pensando que te echo de menos, pero no como te imaginas. No echo de menos nuestra relación, ni mucho menos, ni siquiera te echo de menos a ti físicamente. Echo de menos lo que teníamos. La sensación de saber que estabas para todo, que eras amigo antes que pareja, que podía contarte cualquier gilipollez y que creías en mi.

Siempre me sentí muy apoyada por ti, a lo mejor por eso sigo dedicándome a escribir cuando algo no va bien y no soy capaz de hablar de ello.

Compartimos esperanzas para el futuro, sueños que nunca se harán realidad, logros que nunca se cumplieron y muchas decepciones que la vida decidió dejarnos.

Estoy demasiado estancada, no sé cómo seguir. No sé lo que siento ni soy capaz de descubrirlo. No queriendo hacer daño a nadie me lo estoy haciendo a mi misma.

Queriendo hacer las cosas bien, al final, la estoy cagando y no sé cómo arreglarlo.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Nos hemos acabado del todo.

- ¿En quién piensas cuando no piensas en nada?

Esperaba que contestara:

- En ti.

Pero se quedó callado, pensó la respuesta y luego me dijo:

- No me suele pasar.

Y nos callamos. Nos callamos demasiado, y nos dejamos de caer bien en la cama, y nos tropezamos, pero no sólo con los jueves, que siempre están en medio, sino también con los viernes y los sábados. Nos descompasamos en la vida y dejamos de pisarnos aposta. Yo quería subirme a sus pies para que viera que caminar juntos, aunque costara, era más divertido.

Le echo de menos ahora y echo vino blanco de más en la copa, por eso de no tener la copa vacía nunca.

No es por ser una cabrona pero prefería que el sol no saliese por las mañanas en mi cuarto o quitarle las pilas al reloj por eso de que no tuviese que echarle de mi lado demasiado pronto.

Y así enlazamos mis mediodías con sus medianoches y el resto del tiempo pensaba que estábamos hechos el uno para la otra, pero esas cosas, según él, nunca debían decirse, y yo nunca fui de hacer preguntas que no supiésemos responder.

Nunca me echó, pero tampoco me pidió que me quedara y yo pensaba en él cuando no pensaba en nada.

 "Nos hemos acabado del todo." 

Fuimos la pareja más imperfecta que podría haber existido y somos el amor más contradictorio que podríamos haber tenido. Yo sólo quiero que sepas terminar y dejar las cosas en su sitio. Si vamos a acabar, empieza acabando conmigo.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Natalia

Hoy he quedado con Natalia. Hacía unas semanas que no quedábamos.  Necesito escribirle esto aunque no creo que llegue a leerlo alguna vez.

Hace tiempo me di cuenta de que la amiga que tenía hace 6 o 7 años dejó paso a la nueva Natalia. La que es responsable de una bebé preciosa, tanto o más que su mamá. Dejó paso a la chica amable, cariñosa y súper atenta.

Me siento tan orgullosa de ella que no me cabe en el pecho el orgullo. Ha sido capaz de sacar adelante ella sola una vida.  Les ha cerrado la boca a todos esos que decían que no sería capaz de hacerlo, que sería una mala madre, a esos que le decían que no sabe dónde se mete. La primera yo. Me acuerdo todavía de las ganas que tenía de verle la carita a esa bebé pequeña. Me acuerdo de los nervios, de los miedos, de las inseguridades. Pero qué bien lo ha hecho y lo sigue haciendo.

Siempre he dicho que no quiero ser madre, quien me conoce de verdad sabe que esto es cierto, pero viendo a mi amiga y lo bien que lo ha hecho los miedos desaparecen. Llegan las ganas.

Me siento muy orgullosa de que me hiciese caso en su momento. Me siento parte de su vida de alguna manera.

jueves, 5 de septiembre de 2019

He vuelto a fumar


Joder, no quería hacerlo y mira. Aquí estoy. A las 21h53 en la terraza de mi habitación recordando viejos tiempos, viendo como poco a poco se consume el cigarro. 

Llevo varios días con una sensación rara en el cuerpo. Necesito encontrar algo que me llene, algo que me haga darme cuenta de que cada día cuenta. Algo que me ayude a vivir, no a sobrevivir. 

Llevo varios días pensando que te echo de menos, pero no como te imaginas. No echo de menos nuestra relación, ni mucho menos, ni siquiera te echo de menos a ti físicamente. Echo de menos lo que teníamos. La sensación de saber que estabas para todo, que eras amigo antes que pareja, que podía contarte cualquier gilipollez y que creías en mi. 

Siempre me sentí muy apollada por ti, a lo mejor por eso sigo dedicándome a escribir cuando algo no va bien y no soy capaz de hablar de ello. 

Compartimos esperanzas para el futuro, sueños que nunca se harán realidad, logros que nunca se cumplieron y muchas decepciones que la vida decidió dejarnos. 

Estoy demasiado estancada, no sé cómo seguir. No sé lo que siento ni soy capaz de descubrirlo. No queriendo hacer daño a nadie me lo estoy haciendo a mi misma. 

Queriendo hacer las cosas bien, al final, la estoy cagando y no sé cómo arreglarlo. 

lunes, 2 de septiembre de 2019

Los días raros.

Escuchando a Vetusta Morla de fondo me doy cuenta de que hoy es uno de esos días raros. Es un día de esos en los que noto que algo no va bien, que algo falla. Es un día de esos en los que no sabes si aguantarte las lágrimas o dejarlas que campen a sus anchas por tus mejillas.

Son las 20:55 de la tarde y llevo todo el día con el cuerpo raro. Esta mañana, tras otra bronca, se me ha venido el mundo abajo. Pensaba que había avanzado, que estaba caminando lejos, dejando atrás todos los fantasmas del pasado, pero me he dado cuenta de que sigo en el mismo sitio, estancada como hace meses, echando raíces en el suelo.

Soy de las que piensan que los finales felices escasean aunque por el camino nos llevemos alguna que otra alegría. Soy consciente de que podría hacer las cosas mejor, seguir las reglas impuestas por la sociedad pero prefiero salirme del camino dejándome llevar por los problemas. Es muy agotador pensar siempre en los demás, dejándote a ti siempre atrás.

Hoy han vuelto los fantasmas del pasado, esos que pensaba que ya me habían abandonado. Los recuerdos mejor guardados en el fondo del corazón, para que no duelan tanto. Enterrados. Sólo me hace falta cerrar los ojos y recordar cómo quedó todo la última vez, manchado de gris, de palabras amargas. No, créeme, no quiero que vuelva a repetirse ese desastre. Nada de esto merece la pena, porque hay cosas, viejo amigo, que no deberían ser.

Como bien dice Pucho en Mapas, cada error en cada intersección, no es un paso atrás, es un paso más.